19º Congreso Nacional Cooperativo, organizado por la Confederación Colombiana de Cooperativas (Confecoop) el 17 de septiembre.

Hoy nos encontramos frente a un mundo asediado por una terrible pandemia, que ha desnudado altísimos niveles de inequidad preexistentes y crecientes.

Un mundo tensionado por formas irresponsables de consumo que obligan a modelos de producción que ponen en peligro la sostenibilidad de la vida de todas las especies.

Un mundo que enfrenta una crisis que ha dejado de ser solo sanitaria, para convertirse en crisis económica, social, ambiental, cultural.

Ahora bien, ante este escenario, ¿qué rol debe jugar el cooperativismo?

Si coincidimos en este diagnóstico, debemos recordar que las cooperativas nacieron para resolver situaciones complicadas en circunstancias históricas muy delicadas.

Y en este contexto, ¿qué herramientas tenemos a mano para empezar a revertir sino todas, al menos las dificultades más urgentes que nos plantea la hora?

En la presentación de estas jornadas está la pista. Se trata de un cambio de paradigmas.

Debemos apostar al paradigma de la cooperación, por sobre el paradigma de la competencia.

Quienes trabajamos desde hace muchos años en el movimiento cooperativo sabemos que este modelo es capaz de reactivar las economías, cuidando la salud de las personas, generando nuevas oportunidades de inclusión para quienes han quedado al margen de toda actividad laboral formal, al tiempo que cuida los recursos naturales y promueve una distribución equitativa de esas oportunidades.

Porque quienes formamos parte de este movimiento cooperativo sabemos muy bien que no se trata de la economía o la vida.

Es la vida y es la economía. Es una economía al servicio de la vida.

En esto debemos ser muy claros.

Trabajo digno, acción por el clima, equidad de género, hambre cero, salud y bienestar.

Tal vez les suenan esos conceptos. Son algunos de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible planteados por las Naciones Unidas y que desde la Alianza Cooperativa Internacional hemos adoptado como propios.

Algo que no era muy difícil ya que, desde hace al menos 175 años, las cooperativas movilizamos los recursos de las comunidades de manera innovadora, solidaria y democrática para garantizar la sostenibilidad de la vida en esas comunidades.

Esto significa ni más ni menos que esa movilización de recursos está orientada a la realización de cada una de las personas, de cada familia, de cada empresa dentro de la comunidad, sin comprometer a las generaciones que le siguen.

Este concepto de sostenibilidad, que en el actual contexto cobra una relevancia fundamental, está en la génesis del movimiento cooperativo.

Nuestras empresas, nuestros proyectos, nacen para responder a las necesidades de la gente, por eso se arraigan en los territorios y perduran en el tiempo.

Y aquí tenemos otro concepto, el de resiliencia, que también cobra relevancia en estos momentos de fuertes crisis, pero que expresa ni más ni menos que la solidez que porta desde siempre el modelo cooperativo.

Y, como el modelo funciona, se multiplica.

Hoy existen alrededor de 3 millones de cooperativas con más de mil millones de miembros en todo el mundo.

La Alianza Cooperativa Internacional está cumpliendo 125 años e integra hoy a más de 300 organizaciones de más de 110 países.

Creo que no hay modelo económico que en menos de dos siglos haya tenido un crecimiento de tal magnitud, y que haya sobrevivido más allá de las fronteras, de disputas geopolíticas, guerras mundiales, crisis económicas, desastres ambientales, etcétera.

Por eso es tan importante posicionar hoy este modelo como un paradigma para enfrentar los desafíos de la pos-pandemia.

Es la cooperación, la que puede ayudar a salvar vidas en esta tremenda crisis que como dijimos es sanitaria, económica, social, ambiental y cultural y que el mundo hoy está enfrentado.

Es la cooperación la puede sostener las relaciones económicas en beneficio de las comunidades, y la que puede alimentar la convivencia pacífica entre los pueblos, aliviando las fuertes tensiones que existen en muchas partes del mundo y que son acentuadas por este crítico escenario.

Por eso creo que está muy bien planteado este debate en el sentido de que estamos en la Hora de las Oportunidades.

Hoy más que nunca es hora de poner nuestros valores y principios en acción.

Y de mostrarle al Mundo que la salida es cooperativa.

El otro camino, el del egoísmo, el de la acumulación desenfrenada, el de la concentración, el de la destrucción ambiental, nos está llevando a un callejón sin salida.

Las pandemias son, en parte, producto de esa gestión equívoca de los recursos naturales por parte del ser humano.

La incapacidad para salvar muchas de las vidas que se han perdido radica en gran medida en la mercantilización de servicios que deben ser un derecho humano garantizado para todas y cada una de las personas.

¿Qué otra herramienta puede ayudar a reconstruir este planeta devastado por tanto dolor y amenazado por conflictos latentes en diversas latitudes?

Es, sin dudas, la hora de la cooperación.

En la Alianza Cooperativa Internacional hemos relevado durante estos meses las acciones que están llevando adelante las cooperativas para ayudar a sus comunidades a sobrellevar esta situación.

Cooperativas de salud, que están haciendo un enorme esfuerzo para atender a quienes más lo necesitan; cooperativas de producción que siguen abasteciendo de alimentos y otros bienes de primera necesidad a las poblaciones.

Cooperativas que mantienen la prestación de servicios esenciales a pesar de las dificultades de muchas familias y empresas para pagarlos; cooperativas de telecomunicaciones, que aportan herramientas para garantizar la conectividad, imprescindible en estos momentos.

Cooperativas financieras, que adaptaron sus instrumentos a para sostener la producción y el consumo; cooperativas de trabajo, que resguardan en última instancia las fuentes laborales, en medio de una enorme destrucción del empleo en el mundo.

Son solo algunos ejemplos, de los tantos que hemos visto en todos los sectores, en todas las regiones, en todos los países y que muestran claramente cuál es la conducta de las organizaciones cooperativas ante situaciones tan complejas como la que hoy nos toca vivir.

Repito, es la hora de la cooperación. Como ha dicho el Papa Francisco, “estamos todos en el mismo barco, nadie se salva solo”.

Tenemos ahora, la enorme responsabilidad de incidir en otros líderes nacionales, regionales y globales, de dialogar con otros actores comprometidos con el desarrollo sostenible y de potenciar la movilización de nuestros asociados en cada territorio donde estamos presentes, para consolidar el paradigma cooperativo.

Somos un modelo económicamente eficiente y socialmente responsable.

Que puede demostrar resiliencia.

Y que tiene propuestas concretas para alcanzar cada uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Ustedes, queridos amigos colombianos, lo saben perfectamente porque han desarrollado un sistema cooperativo sólido, capaz de responder a las necesidades de sus compatriotas y fuertemente comprometido con los desafíos de la región y del Mundo.

Celebro que, a pesar de todas las dificultades, hayan convocado a este congreso, que estoy seguro, nos servirá para seguir avanzando en la construcción de este paradigma cooperativo que hoy nuestra casa común, nuestro planeta Tierra, necesita con urgencia.

Agradezco nuevamente que me hayan invitado a compartir estas reflexiones y espero que sigamos trabajando juntos para que el paradigma de la cooperación sea una realidad en cada uno de nuestros países y a escala global.