Siempre digo que la asamblea es la instancia más importante en la dinámica institucional de cualquier entidad cooperativa.

Es un momento donde no sólo se llevan adelante los procedimientos formales que la ley nos exige, sino que es también un encuentro donde podemos mirarnos hacia adentro, fortalecer nuestra identidad, reafirmar nuestros valores y principios, intercambiar visiones, evaluar el camino recorrido, alcanzar nuevos consensos y proyectar nuestro futuro. Un futuro que sin dudas se construye con la participación y con el aporte de todos. 

Lamentablemente, en estos momentos no podemos encontrarnos de forma presencial. Aun así, celebro esta manera de estar hoy junto con ustedes y estoy seguro de que podremos seguir fortaleciendo lazos a pesar de la distancia.

Quiero comentarles también que, en este año tan difícil que nos toca atravesar a escala planetaria, las cooperativas hemos dado cuenta una vez más de nuestra resiliencia ante las crisis, de nuestra capacidad de dar respuesta a las comunidades cuando más lo necesitan, y de nuestro ímpetu de ser protagonistas de un mundo más solidario, más justo y más inclusivo.

Ya antes de esta crisis sanitaria, que es también social, económica y ambiental, la Alianza Cooperativa Internacional había tomado como propia la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible.

Lo hicimos básicamente porque los 17 objetivos que allí están planteados son parte, naturalmente, del tipo de empresa que somos las cooperativas.

La producción y el consumo responsables, la acción por el clima, la equidad de género, el fin de la pobreza y el trabajo decente son, entre otros, algunos de esos objetivos por los que las cooperativas trabajamos desde hace muchas décadas.

Esta pandemia sin dudas nos obliga a redoblar los esfuerzos para poder cumplirlos.

Para eso dialogamos con otros actores del escenario global, como la OIT, la FAO y distintos organismos del sistema de Naciones Unidas.

También he tenido la oportunidad, como presidente de la ACI, de visitar más de 50 países en los últimos tres años y de dialogar con primeros ministros y otros líderes de esas naciones.

A todos les he explicado que no somos un actor marginal que entra al escenario en momentos de crisis. Somos mucho más.

Somos una red de tres millones de empresas con más de mil millones de miembros en todos los continentes. Empresas arraigadas en cada territorio, hermanadas a escala global por valores y principios con los que se identifican, y orientadas principalmente al bien común.

A mediados de este año, la ICMIF, organización sectorial de la ACI que integra a las cooperativas y mutuales de seguros, relevó entre sus miembros una asistencia total por más de mil millones de dólares para paliar las consecuencias de la pandemia.

Como decía, siempre estamos cuando nuestras comunidades más lo necesitan.

Pero, insisto, no somos organizaciones preparadas sólo para asistir en momentos de crisis.

Casi al mismo tiempo ICMIF brindó otro informe donde analizaba y resaltaba las ventajas de las empresas cooperativas de seguros para captar y ayudar a desarrollar el talento de las nuevas generaciones.

Quiero compartir un dato previo a la pandemia: la facturación de las 300 cooperativas más grandes equivale al Producto Bruto Interno de la sexta economía mundial.

Desde hace 175 años llevamos adelante un modelo de probada eficiencia económica y con la responsabilidad social inscrita en el propio ADN.

Como suelo decir, no somos empresas con responsabilidad social, sino que somos la responsabilidad social hecha empresa.

En conclusión, tenemos historia, tenemos presente y tenemos futuro.

Ustedes están presentando los resultados de un proceso ejemplar de responsabilidad social empresaria con la incorporación de la sustentabilidad como eje de la gestión. Sé también que han hecho grandes esfuerzos para que sus empleados, productores y asegurados estén cubiertos en esta situación de emergencia.

Y destaco en particular los aportes del Cites para generar herramientas que ayuden a mitigar el impacto en la salud de esta pandemia y para contribuir, desde la investigación y el desarrollo de tecnologías, a la mejora de la calidad de vida en general.

Sinceramente, quiero felicitarlos porque este gran desarrollo, que comenzó allá por 1945 con un puñado de emprendedores que creyó en el cooperativismo como modelo empresarial, hoy es un ejemplo para nuestro país, para la región y para el mundo de cómo el crecimiento es sustentable si está basado en valores y principios permanentes, si en el centro de la escena están las personas y el medio ambiente, y si trabajamos juntos para construir un futuro donde nadie quede atrás.