La actividad fue organizada por el Ministerio de Producción de la Provincia de Santa Fe, como parte del programa Redes, que busca desarrollar junto a referentes y entidades del sector un Ecosistema Asociativo Provincial.

Siempre es un gusto para mí, participar en este tipo de actividades con colegas del mundo cooperativo y mutual de esta provincia, donde estas organizaciones están tan presentes, tienen tanta trayectoria y ofrecen tanto potencial.

Siempre digo que no es casualidad que la capital nacional del cooperativismo y la capital nacional del mutualismo estén en territorio santafesino.

Pero no solo es un fuerte entramado de Economía Solidaria lo que uno encuentra en Santa Fe, sino también un desarrollo de políticas públicas que tienden a consolidar en el tiempo la alianza estratégica del sector con el Estado.

Alianza que debe traducirse en proyectos y programas acordes a la naturaleza y función de nuestras empresas y sin la cual estas no pueden expresar todo su potencial.

En ese sentido, celebro la conformación de este Ecosistema Asociativo en el que todas las instituciones comprometidas con el desarrollo de la Economía Solidaria en Santa Fe pueden integrarse y fortalecerse.

Me parece también fundamental que hayan convocado a todas estas instituciones, entre las que están las federaciones del sector y once universidades, a debatir e intercambiar ideas en torno de algunos ejes transversales que son clave para proyectar el crecimiento de la Economía Solidaria y uno de los cuales es la internacionalización, a la cual me voy a referir seguidamente.

Ustedes saben que, desde hace tres años, me toca presidir la Alianza Cooperativa Internacional, lo cual es un privilegio y un honor desde lo personal pero también y, sobre todo, es un logro histórico para el cooperativismo argentino.

Cuando presentamos nuestra propuesta para liderar la ACI, allá por 2017, sabíamos que teníamos el respaldo de un desarrollo cooperativo nacional de características excepcionales.

Hoy, después de haber tenido la oportunidad de visitar cientos de cooperativas de distintos rubros en más de 50 países, puedo confirmar dos cosas.

La primera es que este modelo empresarial funciona más allá de los diversos contextos sociales, económicos, políticos y culturales que se encuentran en cada país.

Es un modelo que, desde mediados del siglo XIX, no ha parado de crecer y que nuclea hoy a más de mil doscientos millones de miembros.

Somos, desde mi punto de vista, la mayor red global de empresas con valores y principios que las hermanan a escala global, que a su vez tienen raíces en cada territorio donde trabajan por, desde y para su comunidad, y que desarrollan su actividad con el bien común como fin principal.

Son también empresas resilientes ante las crisis, por lo cual en este momento están dando las respuestas que otros modelos no dan y que las personas y el medio ambiente necesitan con urgencia.

La segunda idea que pude ratificar es que, dentro de esta gran red económica y social que es el cooperativismo a nivel mundial, nuestro país claramente se destaca en cuanto a la expansión de este modelo empresarial a todas las ramas de la economía.

Su presencia en prácticamente todo el territorio nacional, su capacidad de innovación y liderazgo para competir con otro tipo de empresas en mercados muy exigentes y, por último pero no menos importante, su fuerte nivel de integración institucional, expresado en federaciones y confederaciones que, a su vez, trabajan juntas en muchas políticas sectoriales y que tienen un lugar protagónico en el Directorio del Instituto del estado dedicado a promocionar al sector.

Yo no he visto estas características, todas juntas, en ningún otro lugar del mundo.

Y, dentro de nuestro país, como dije al principio, hay territorios donde estas virtudes están potenciadas. Donde existe una mayor riqueza cooperativa. Donde se pueden incluso rastrear los orígenes de este desarrollo y donde se ve el mayor potencial cooperativo dentro del país.

Santa Fe, es sin lugar a dudas, uno de esos territorios dentro de la Argentina donde podemos ver todas aquellas ventajas diferenciales que mencionaba recién a nivel nacional, en este caso dentro de una sola provincia.

En efecto, existen en Santa Fe empresas cooperativas con una enorme capacidad productiva y, dentro de ese universo, hay algunas que tienen un claro perfil exportador.

Lo que significó históricamente para Santa Fe y para la Argentina el manejo de estas cuestiones que están íntimamente relacionadas con la soberanía política, por un lado, y con la independencia económica, por otro.

Cuestiones que todavía hoy están en debate y, en buena medida, no resueltas.

Las cooperativas sin dudas acumulamos capital, es nuestra obligación como empresas acumular capital. La gran diferencia con otro tipo de empresas, es que las cooperativas y las mutuales, lo ponemos al servicio de las necesidades y aspiraciones de las personas y de las comunidades donde nacemos y crecemos.

Esa es parte de nuestra Identidad. Esa Identidad Cooperativa que este año está cumpliendo 25 años a partir de su declaración en el congreso de Manchester del año 1995, que incorporó el Séptimo Principio Cooperativo de Compromiso con la Comunidad.

Y ya sea en momentos de bonanza o de crisis, no deslocalizamos la actividad social y económica que estemos llevando adelante.

Por eso creo que no es indiferente que la producción de alimentos esté mayormente en manos de empresas cooperativas o que no lo esté.

No es indiferente si un puerto es controlado por una cooperativa de trabajadores portuarios o que no lo esté.

No es indiferente que los procesos de innovación ligados, por ejemplo, a la industria del software sean llevados adelante por cooperativas que forman jóvenes profesionales de las tecnologías de la información y la comunicación.

Porque también hay ejemplos de esto último que acabo de mencionar en Santa Fe, que han trascendido exitosamente las fronteras.

Para cada localidad, para cada provincia y para toda la nación es fundamental contar con empresas que no se deslocalizan, que invierten en su lugar de origen aquellos recursos que obtienen a través de la internacionalización de su actividad, que atienden primordialmente las necesidades de su gente y que pueden integrar la economía argentina al mundo de manera inteligente, sustentable y soberana.

Por eso es clave, lo repito, que el Estado provincial y las organizaciones de la Economía Solidaria den forma a este Ecosistema Asociativo y que dentro de ese ecosistema esté contemplada la internacionalización como factor de crecimiento de este tipo de empresas.

Recién mencionaba algunos rubros, podemos sumar otros como salud, seguros, servicios públicos y muchos más donde hay una fuerte presencia cooperativa y mutual.

Seguramente no todas esas entidades tienen un desempeño en el plano externo, pero, al ser parte de un ecosistema asociativo provincial, son parte de un entramado económico virtuoso que potencia el perfil exportador del sector en general.

Detrás de una empresa que abre nuevos mercados hay muchas que le proveen nuevos insumos, que la ayudan a aumentar el volumen de producción… en fin, el crecimiento hacia afuera genera, o debe generar, crecimiento hacia adentro.

Con ese espíritu encaramos desde Cooperar hace algún tiempo un programa de internacionalización del cooperativismo argentino.

Y lo hicimos, por supuesto, a sabiendas de esto que comentaba al principio, que el cooperativismo argentino tiene una oportunidad histórica de mostrarse ante el resto del mundo y que hay mucho terreno fértil para sembrar la semilla de la intercooperación entre entidades de nuestro país y de otros países.

Pero, nuevamente, no es algo que podamos hacer solos. Así como destacamos los esfuerzos por construir agendas en conjunto entre las cooperativas, las federaciones y los gobiernos provinciales -y hacemos lo propio en el nivel municipal a través de herramientas impulsadas por la propia Confederación como es la Red de Municipios Cooperativos-, a nivel nacional y proyectando esta internacionalización del sector, también entendimos que teníamos que trabajar junto con el área del Estado que mejor podía entendernos y apoyarnos.

Por eso hemos establecido con la Cancillería un vínculo estratégico que nos permitió abordar misiones comerciales con representación oficial del Estado Argentino. Estas misiones tuvieron lugar en India, Vietnam y Corea del Sur; en Francia y Bélgica; y en Suecia y Finlandia.

Allí tuve la oportunidad de encabezar delegaciones de cooperativas de producción, de servicios y de consumo de nuestro país que pudieron establecer nuevos contactos con cooperativas de esos países.

Además de las rondas de negocios, hubo otro hecho que para nosotros fue muy significativo en esas giras, y es que en la mayoría de los destinos nos recibió el embajador argentino.

Algunos de ellos se sorprendieron no solamente del potencial exportador de nuestras empresas si no que nos agradecieron haberlos acercado a grandes cooperativas de los países donde estaban cumpliendo función, puertas que ellos no habían podido abrir hasta ese momento.

Es decir, el cooperativismo argentino no sólo abre puertas para sus empresas sino que ayuda al Estado nacional a reconocer y vincular a las empresas de nuestro sector en otras partes del mundo.

Esto, que algunos llaman diplomacia de la sociedad civil, es un punto muy fuerte para posicionar a nuestro sector como aliado estratégico del Estado en el ámbito de las relaciones internacionales.

Hay algo todavía más interesante y es que todo esto que les contaba recién pasó durante el gobierno anterior.

Comenzamos a trabajar con Cancillería con una administración y, este año, con otra administración, seguimos consolidando ese trabajo y pudimos presentar a comienzos de año un relevamiento de la oferta exportadora del sector.

Luego fuimos convocados a formar parte del Consejo Público Privado para la Promoción de las Exportaciones nacionales.

Es decir, estamos integrándonos y, si se quiere, estamos construyendo una política de Estado que trascienda al color político de los sucesivos gobiernos, y que posicionan al cooperativismo como un actor dinámico, innovador y claro distribuidor equitativo del ingreso dentro del mapa económico nacional que mira hacia afuera.

Los resultados de todo este trabajo ya los venimos viendo. Destaco algunos, como el intercambio entre el Cites, ese magnífico centro de innovación que montó el Grupo Sancor Seguros en Sunchales, y empresas cooperativas de Corea del Sur. Tenemos, por cierto, una excelente relación desde Cooperar con la embajada argentina en ese país y hemos firmado un convenio de colaboración con la federación surcoreana de cooperativas agrícolas, la segunda más grande del mundo.

Tanto AFA como ACA son puntales de la inserción del comercio de granos gestionado por el sector en nuestro país y sobre esa base buscamos abrir nuevos mercados, en Asia y en algunos países de nuestra región. AFA, además, se integró hace algunas semanas al comité sectorial agrícola de la ACI, lo cual posiciona aún mejor al cooperativismo argentino en el escenario internacional.

No quiero dejar de mencionar dos hechos que ocurrieron también hace poco en suelo nacional pero que son muy importantes para este proceso de integración de empresas cooperativas que pueden potenciar el proceso de internacionalización del sector. Hablo, por un lado, de la nueva terminal portuaria de ACA en Timbúes y, por otro, de la carga de buques que empezó a hacer esa entidad de la mano de la Cooperativa de Trabajos Portuarios de Puerto General San Martín, un hecho importante de intercooperacion.

Hace algunos días, también, la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajo de Tecnología, Innovación y Conocimiento, Facttic, fue seleccionada en un certamen mundial organizado por la ACI para apoyar proyectos juveniles que pongan en acción el sexto principio, el de cooperación entre cooperativas.

Tres cooperativas de nuestro país se sumaron al ránking de las 300 más grandes según la última edición del monitor cooperativo mundial, que elabora la ACI junto con el instituto de investigación europeo Euricse y que, entre otras cosas, analiza la facturación de 4575 cooperativas y mutuales de todos los continentes en diez ramas de actividad económica.

Quiero decirles que muchas de las entidades que han logrado insertarse con éxito en el plano internacional tienen arraigo en suelo santafesino. Varias son socias argentinas de la Alianza Cooperativa Internacional. La Segunda participa junto con Sancor Seguros en la ICMIF, la sectorial de seguros en la ACI; el Banco Credicoop, que en nuestro país juega un papel fundamental para el financiamiento de las economías regionales. También son socias argentinas de la ACI la Federación de Cooperativas de Consumo, que nos acompañó en varias misiones comerciales y a través de la cual estamos buscando colocar yerba cooperativa en Uruguay; el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos y la cooperativa de comunicaciones Colsecor.

Ahora bien, decía antes que para expresar todo el potencial de nuestro sector, incluso en los procesos de internacionalización, es clave poder trabajar en alianza con el Estado. En ese sentido, no puedo dejar de mencionar en todos estos avances al Inaes, que es nuestra plataforma dentro del Estado nacional para poder ser reconocidos e integrar nuestras propuestas con distintas áreas como, en este caso, la de Relaciones Exteriores.

Tampoco puedo dejar de mencionar el enorme avance que significa en todo este desarrollo la reciente elección del presidente de la Confederación Argentina de Mutualidades, mi querido amigo Alejandro Russo, para desempeñarse como vicepresidente de la Asociación Internacional de la Mutualidad para la región de Latinoamérica.

A nivel regional, quizás ustedes sepan que, hay una larga trayectoria de participación de nuestro sector en espacios como el Foro Consultivo Económico y Social del Mercosur.

Cooperar es fundadora de ese Foro, donde participamos junto a organizaciones gremiales, empresariales y otras organizaciones de la sociedad civil, y de donde surgió luego lo que hoy conocemos como Reunión Especializada de Cooperativas del Mercosur, la RECM, comandada por los entes gubernamentales, en el caso argentino el Inaes, pero donde también el sector privado tiene un lugar y como Cooperar participamos activamente.

Uno de los desafíos en este plano regional, tanto para nuestras organizaciones como para los gobiernos, es avanzar en políticas que respalden la integración económica y social en las zonas de frontera.

Así como hablaba antes de la diplomacia de la sociedad civil que encaramos cuando cruzamos el charco y fuimos a encontrarnos con cooperativas de otros continentes, entendemos que nuestras empresas son pilares en la construcción de vínculos fraternales con los pueblos vecinos.

Pueblos que a veces están tan solo a un puente de distancia, o que sólo están divididos por una aduana, pero que tienen muchísimo elementos sociales, económicos y culturales en común.

Para fortalecer aún más estos vínculos necesitamos que los gobiernos entiendan y apoyen el rol de las cooperativas en las zonas de frontera y también necesitamos poner en marcha algunos instrumentos como el postergado Estatuto de Cooperativas del Mercosur, propuesto por la RECM, para facilitar que las cooperativas puedan tener asociados transfronterizos.

Este instrumento, potenciaría sin lugar a dudas, el aporte de la economía solidaria al fortalecimiento de esos vínculos sociales, económicos y culturales que decía antes que existen entre los países de la región y que se expresan de forma cabal en las localidades fronterizas.

Hay, asimismo, algunos ejes centrales en ese entrelazamiento a través de las fronteras, que pueden servir también para la escala global.

Hablo de la sinergia entre las cooperativas de productores y las de consumidores. En Argentina tenemos una experiencia muy interesante desarrollada por la Federación de Cooperativas de Consumo, una central de compras que facilita este intercambio.

Esto fue llevado a otros países en esas misiones comerciales que contaba antes y existe un gran potencial para generar circuitos asociativos de intercambio de bienes dentro del sistema cooperativo.

Otro eje clave es el de la energía, donde podemos explotar la gran capilaridad en el territorio nacional y la inserción de las cooperativas de servicios en las comunidades, con algunos avances en términos de energías renovables que vimos en el sistema cooperativo europeo, por ejemplo.

Para cerrar y sintetizar de alguna manera, quiero remarcar la oportunidad histórica que tienen el cooperativismo y el mutualismo argentino por el protagonismo que están teniendo en los espacios de integración regional, continental y mundial.

Porque, además, a través de esas instancias de integración, tenemos hoy la posibilidad de trabajar codo a codo con organismos como la OIT, la FAO, la Cepal, la OEA y otros actores que son muy relevantes en el escenario regional y global.

Que el cooperativismo argentino este ahí no es fortuito, es fruto de su rico y extenso desarrollo a lo largo de muchas décadas y es fruto también de la visión y la voluntad política e institucional de quienes hoy están al frente de las organizaciones.

En este sentido y por todo lo que decía al principio, creo que tampoco es fortuito que quienes impulsan este proceso de liderazgo a nivel internacional sean empresas y organizaciones cooperativas con fuerte arraigo en suelo santafesino.

Tenemos que estar orgullosos y estemos seguros de que tenemos mucho camino para recorrer en el plano internacional.

Celebro nuevamente que hayan decidido dedicarle un espacio a este tema y que para la economía solidaria santafesina sea estratégico mirar hacia afuera y los invito a desarrollar todo su potencial de la mano de las federaciones, confederaciones y de la Alianza Cooperativa Internacional.